El río Atrato genera una problemática significativa para el sector turístico del Golfo de Urabá al arrojar constantemente grandes cantidades de material vegetal,
especialmente troncos de madera de gran tamaño, sobre sus playas.
Este fenómeno, producto en parte de la deforestación en la cuenca del río, convierte las playas en una especie de "campo de batalla" debido a las toneladas de madera que llegan diariamente, afectando negativamente el atractivo paisajístico y la posibilidad de disfrutar de estos espacios costeros.